Desafortunadamente ocurre, y no sin el aliño de un macabro silencio, que nuestro tiempo, de naturaleza de apisonadora y devota pleitesía para con lo inmediato y transitorio, cubre de olvidadiza bruma ciertos ritos, costumbres, y así, entierra la posiblidad de ciertas experiencias bellas, humanas y genuinamente íntimas. Refiero más concretamente a la experiencia de compartir, que es con obvia justicia, madre legítima de nuestros recuerdos en nuestro sucesivo existir. Y precisamente versa esta entrada acerca de contar,compartir y relatar. Bien, dado que estas lineas no se orientan tanto a buscar la refriega daga en mano como a reflexionar y proponer, en una suerte de lúcido chasquido, en estas nuestras horas, de deformada y saturante información a la par que conjugada con una informe formación....Sugiero-y predico con el ejemplo- que en la medida de lo posible, mantenga cada cuál correspondencia por carta, postal, ... eso es, manteniendo vivo el sentido de aquello que reza el decir "de mi puño y letra". La carta constituye ocasión para el detalle, el afecto, y la personalidad, por cuanto es un tiempo invertido, y unas lineas tatuadas únicas e inimitables, expresión de carácter, y bonito modo de mantener la relación, sobretodo en lo referente a lejanías amistades.
La carta ha en si, ese "qué" nuestro ireemplazable, y que como tal, la hace grata tanto en el hecho de recibirla como enviarla.
Supone, escribir cartas hoy, conservar una magnífica costumbre, costumbre reacia al tempo y al modus de la técnica, así como a la impersonal impronta que hoy se da por natural en todo intercambio de información, que no es ni mucho menos ni humana ni comunicación.
Supone, escribir cartas hoy, conservar una magnífica costumbre, costumbre reacia al tempo y al modus de la técnica, así como a la impersonal impronta que hoy se da por natural en todo intercambio de información, que no es ni mucho menos ni humana ni comunicación.
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