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domingo, 23 de noviembre de 2008

Literatura: "Caballos desbocados"


Saludos en cortesía, y para ocasión ésta, de poner en su conocimiento, y con la mejor voluntad, la existencia de una de tantas de esas obras, que se erigen siempre didácticas: Caballos desbocados.-Titúlase así una obra de magna potencia que firma el autor Yukio Mishima. Una reseña tal, confiésoles, pesaba como pendiente en mi persona, y era inaplazable deber para con ustedes. La cantidad no escasa de páginas que configuran la obra no merma empero, la sustancia y calidad de los escritos, que como a bien tendrán ustedes por saber, esculpidas por la firma de Mishima, no defraudan. Parpadea en todo el tiempo, surcando las páginas, una sensación que muchos conocemos e intuimos, como un signo adivinado entre los trajines grisáceos de lo falso, lo fácil, lo burdamente consolidado religiosamente, siendo su contraposición. Parpadea una suerte pues, de pesimismo heroico. Ello abraza de principio a fin a la historia de historias que este buen hijo de Japón nos brinda.

Si acaso en un ejercicio, condenado por definición a ser falseador, hubiera de subrayar un rasgo que a borbotones irradia el libro, tal sería el de una belleza tiránica. En un paisaje protagonizado por la inminente caducidad del Japón tradicional, al borde del certificado de su defunción nacional y espiritual, queda lugar para la fe en la pureza, la gerra esperanzadora, el sacrificio, y la tragedia bajo los estandartes de honor y verdad.

Es este un relato que carga con acento a la juventud, en una consigna de arenga a su derecho al protagonismo más espléndido. Acentúa también el papel de la pasión y el fuego temerarios, de los que con insigne nobleza desprecian toda sacralización de la vida por la vida misma. Franco, sutil, y generosamente sensible, Mishima logra coronar la palabra-por decirlo de algún modo- subversión de la dignidad que este último siglo se ha encargado con esmero, paciencia, cobardía y afeminamiento, de robarle. Caballos desbocados pues, una propuesta, sin ápice alguno de lo descafeinado que arrastra esta palabra, para reflexionar con nuestra sangre, conquistar perspectiva histórica, y salvar toda verdad que constituye siempre, dique todo, de la tradición y la mitología.

sábado, 18 de octubre de 2008

Acercamientos: Nietzsche y el 98


Con secreta esperanza de convidar a la fe en el presente y con el ánimo de que tengan a bien la propuesta de reflexión que sugiéroles, galopan las siguientes lineas. 1898 se escribe en España con una triste y negrísima tinta, con el rumor del perdedor, aconteciendo en ello una profunda convulsión de mayúscula crisis. Es el año de los últimos de Filipinas, del desprestigio irremisible. Hacer un paralelismo con estos tiempos sería de una ignorante soberbia, y no es ello lo que procede subrayar. Los derroteros por los que quiere derramarse este "excursus" son las reacciones que produjéronse en la sangre de la tierra. Una verdadera depresión espiritual se apodera de España. Convergen en este periodo, y aun ser generalización es operativo y cercano a la realidad apuntarlo así, dos generaciones que diametralmente contraponen su actitud. Por una parte los más mayores, una intelectualidad intransigente sin fuerzas ya, y encerrada en el sueño del sigloXIX, a la manera del erudito Menéndez Pelayo, "inmune" a Europa. La otra generación es la incipiente, que representan Machado, Baroja, Azorín, o Maeztu, por citar algunos. Esta segunda experimenta la llegada de los franco tiradores de la literatura que sitúa sobre las cuerdas al omnipresente positivismo y parlamentarismos distintos, diques ideológicos y orgánicos de la cultura burguesa y democrática. Es la llegada de Carducci, D´Annunzio, Tolstoy, Dostoyevski, Verlaine, Ibsen, Nietzsche,... autores todos estos, que generan una fascinación gestadora de todo ese fuego crítico y renovador, que como heterodoxa ola, azotará el panorana nacional.
A este punto arribados, acerquemos la atención a la sacudida y huella, que por otro lado bastante oficialmente se reconoce, despertó Frederico Nietzsche. Nietzsche-cosa poco común-empieza a escocer en Europa ya 10 años antes de su fallecimiento, corriendo de boca en boca sus blasfemias y radicalismos-"Radicalismo aristocrático" tal y como lo bautiza Georg Brandes- irreverentes. Quien aborda entre sus páginas por vez primera en tierras hispánicas, a la obra del visionario prusiano, es el catalán Joan Maragall, poeta que representa una de las cabezas insignes de la corriente modernista, principiadores estos, en laborar con las cuestiones de la propuesta nietzscheana-o nietzscheísta- del superhombre, la voluntad de poder y la afirmación ultraindividualista y aristocrática. Esta última-aristocratismo- es la que permea principalmente en los ambientes de la época de esta Catalunya, en revistas como el "Avenç" y merced indudablemente al cariño y respeto profesado por el poeta a Nietzsche, que le procura voz en catalán. Es curioso como en el resto de España, llegando ligeramente más tarde la figura de Nietzsche, hace mella su aspecto más anárquico, egoista, voluntarista y de discurso violentamente antisocialista. Una figura clave en la difusión del espíritu nietzscheano, reivindicándose como mayúsculo y ferviente discípulo del mismo, es el vascuence Ramiro de Maeztu, quién más tarde, sin abandonar acaso esa voluntad olímpica, elaboró su obra "Defensa de la Hispanidad" que arengaba y establecía un programa de misión universal y evangelizadora para España. Otro vascuence, que en sus inicios-schopenhaueriano- mostróse reacio a Nietzsche y luego se abrazo con sincera estima y pasión, fue el polémico e icorrectamente honesto siempre Pío Baroja.. Ello refléjase en su vasta obra, indefectiblemente autobiográfica como es difícil que no sea, en dónde abundan personajes de corte y carácter nietzscheano. Prueba de ello son "Zalacaín el aventurero" o "Camino de perfección", que también muy recomendables. Baroja adolece en su propuesta, de cesarismo, fuerte ateísmo, que no antimisticismo, y de actitud netamente del desprecio más reaccionario ante su contemporaneidad. Ortega y Gasset, referente primerísimo del pensamiento filosófico español en Europa, si bien no profesa públicamente adhesión alguna al personaje, también recoge en su bagaje, la influencia de Nietzsche, que participa de su planteamiento existencialista del racio-vitalismo. Otro tanto ocurre con don Miguel de Unamuno, en sumo crítico con el pensador del eterno retorno, pero gran conocedor del mismo, y deudor-sin demérito alguno el acotarlo- de su existencialismo trágico y originalmente cristiano.
Sin olvido a la verdad, cabe anotar pero, que si Nietzsche despertó tan inmensó furor, no fue sino tambien al precio de ser malentendido e incluso ignorado las más de las veces. Fue su estilo poético, su apología de la fuerza y su mesianismo los elementos que jovialmente conquistaron las conciencias más jóvenes, con algunas mínimas excepciones. Nietzsche representó una generosa semilla en la creatividad y la ilusión de una España somnolienta y malherida, el negro ejército de unas nubes que no llegaron a fusilar en tempestad. Aun con ello, merece un reconocimiento toda esta fiebre de principios de siglo, que no ocurrió lejos. Tiempos de poetas, de ilusos, y de páginas célebres, a menudo por pasiva omitidas, en este pueblo donde florece tan libre y cómoda la grosería, la pereza espiritual y las flores más rancias del corazón del espíritu.

domingo, 15 de junio de 2008

La Intempestividad en Julio Cortázar


Quisiera adherirme al arrojo de Rémora por evitar que este blog devenga en In memoriam de nuestra facundia. Reproduzco un fragmento del capítulo 116 De otros lados en Rayuela, dónde el maestro Cortázar ofrece una posible definición de la intempestividad, tan voceada por las pujantes voces de los camaradas, a través de su álter ego Morelli.

“Pero no se trata de una vuelta a la Edad Media ni cosa parecida. Error de postular un tiempo histórico absoluto: Hay tiempos diferentes aunque paralelos. En este sentido, uno de los tiempos de la llamada Edad Media puede coincidir con uno de los tiempos de la llamada Edad Moderna. Y ese tiempo es el percibido y habitado por pintores y escritores que rehúsan apoyarse en la circunstancia, ser modernos en el sentido en que lo entienden los contemporáneos, lo que no significa que opten por ser anacrónicos; sencillamente están al margen del tiempo superficial de su época, y desde ese otro tiempo donde todo accede a la condición de figura, donde todo vale como signo y no como tema de descripción, intentan una obra que puede parecer ajena o antagónica a su tiempo y a su historia circundantes, y que sin embargo los incluye, los explica, y en último término los orienta hacia una trascendencia en cuyo término está esperando el hombre”

Punto en boca.

viernes, 11 de abril de 2008

Descensus ad inferos

En cierto libro, bueno, sublime, malo o peor, leí que a menudo la relación que el lector sostiene con los personajes literarios cuyas peripecias, anhelos, infortunios y desconsuelos le mantienen en vigilia, suelen ser más estrechas, sinceras, gratificantes y por qué no proferir la palabra prohibida, puras, que la mayoría de las amistades espacio-temporales impelidas por la vicisitud del destino y plagadas de subterfugios y lugares comunes. El lector escudriña en las vísceras de su interlocutor, en las entrañas de Stavrogin, de Fabrizio del Dongo, de Hamlet, de Max Estrella, de Gregor Samsa, y le escolta en una travesía de renglones, símbolos, letras y azar que no son más que el medio de comunicación por el que se vinculan, del mismo modo en que el sexo es el medio mediante el cual se llega a la consumación del amor en una pareja, un medio burdo y espurio que tan solo empuja, que tan solo conecta: una alcahueta.
Una relación si acaso más honda se establece con la obra, especialmente con aquellas totémicas y pavorosas, aquellas cuya esencia radica en lo catársico, en el enfrentamiento del que irremisiblemente, en caso de sobrevivir, se sale transformado o más bien desencajado; aquellas cuya potencia de poder expresarse en el espacio se manifestaría como guerra nuclear, peste o Apocalipsis. No es habitual, por ventura, toparse con libros capaces de vapulear tu alma y manipular tu esencia cual ángel de la muerte. Cuando esto sucede se produce el silencio, un silencio que te acompañará de por vida, un hueco tal vez colmado por algo inexpresable que no molesta, no incordia, una especie de radiación atómica imperceptible que altera tu sustancia, trepida los cimientos. Como Ulises, Eneas, Orfeo o Marlow, he descendido a los infiernos dantescos, al corazón de las tinieblas. He viajado por lugares que, mudos, me chirriaban los tímpanos, lugares desérticos que ululaban blasfemias, lugares sin nombre transcritos en lo inasible, un viaje a lugares de ultratumba de los que se sale mutado. Un Descensus ad inferos cifrado en un nosequé, en un 2666.
Todavía no sé en que medida me ha afectado, y probablemente uno nunca se acaba de dar cuenta de los trastornos ocasionados: si realmente el cáncer tendrá metástasis o por el contrario será un quiste fácil de desechar. ¿Y qué posee una obra para causar tales estragos?:
"¿Qué expectativas eran éstas? Bubis no lo sabía, ni le importaba saberlo. Ciertamente no eran expectativas sobre su buen quehacer literario, algo que puede aprender a hacer cualquier ecritorzuelo, ni sobre su capacidad de fabulación, de lo que no tenía dudas, ni sobre su capacidad de inyectar sangre nueva en la aterida lengua alemana... Pero no era eso. ¿Qué era entonces? Bubis no lo sabía aunque lo presentía, y el no saberlo le producía el más mínimo problema, entre otras cosas porque tal vez los problemas empezaban al saberlo, y él era editor y los caminos de Dios de cierto sólo eran inextricables" (Bolaño, 2666)
En la nota a la primera edición se nos dice que de no haberle importunado Tanatos habría concluido la obra con el siguiente final legado por su alter ego y narrador de la novela: "Y esto es todo, amigos. Todo lo he hecho, todo lo he vivido. Si tuviera fuerzas, me pondría a llorar. Se despide de ustedes, Arturo Belano". Hago mías sus palabras y usurpo sus vivencias, pero no como el lector pusilánime pavoroso de la realidad que erige una vida en la ficción, sino como el valiente que osa descender a sus vastos infiernos y deleitarse con las lenguas de fuego.

miércoles, 12 de marzo de 2008

Un poco de inspiración

Esta breve entrada se relaciona directamente con la anterior y solo tiene la finalidad de acercar los escritos de aquellos mejores que nosotros. En esta ocasión referiré al magno Jorge Luis Borges y especialmente a uno de los relatos cuasi-fundacionales de este insigne espacio de pensamiento.

El primer enlace es a una versión completa del relato Deutsches Requiem aparecido en 1949 en el libro recopilatorio El Aleph.
http://www.literatura.us/borges/deutsches.html

El segundo enlace corresponde a una interpretación del pensamiento de Borges acerca del Tercer Reich que también he encontrado interesante y que trata en parte del relato citado.
http://ficcionesborges.blogspot.com/2005/05/dos-versiones-del-tercer-reich-el.html

Para terminar voy a darles el enlace a una pequeña enciclopedia de pensamiento alternativo llamada Metapedia que trata temas de pensamiento e historia
http://es.metapedia.org/wiki/Portada


Salud y cultura!

domingo, 30 de diciembre de 2007

La obra galdosiana: Trafalgar




Señores,
Está en los confines de su terminio este año ya, así que inesperada resultará esta entrada, pero bien, la intempestividad tiene esas cosas, que va a contarles un servidor.
La literatura, bien saboreada, y selectamente escogida, es una herramienta de combate a no olvidar, y recordándoles que el libro es la espada del espíritu, como lucidamente alguien profesó, hallo oportuno mencionar una recién lectura que si bien-como no podía ser de otro modo-no discurre entre el boca a boca, ni agostinis, premios ni best sellers, rezuma honra en cada página, la honra irrebatable de los clásicos, porque este además es de casa. Me refiero a don Benito Pérez Galdós. Entre las tareas fundamentales de la formación del espíritu, la historia no es menos exigible y prescindible, y si como es el caso, la misma es novelada, acontece más fascinante si cabe asirse a sus páginas. Terminé hace unos dias el episodio-de 46 en total- primero, Trafalgar, que nos remonta a la misma batalla protagonizada por nuestros navíos en alianza hispano-francesa, contra la flota británica-con su famoso caudillo Nelson- por aquel año de 1805. Un relato contado desde la sencillez y profundidad del alma de un niño, y con su misma pasión de explorador, impregnada en de un generoso tejido de datos históricos, que nunca están de más, y una sobriedad en el tono del relato, honestamente realista. La cruda épica habita por igual, con escenas que cautivan:"Hijos míos: en nombre de Dios, prometo la bienaventuranza al que muera cumpliendo con sus deberes! Si alguno faltase a ellos, le haré fusilar inmediatamente, y si escapase a mis miradas o alas de los valientes oficiales que tengo el honor de mandar, sus remordimientos le seguirán, mientras arrastre el resto de sus dias, miserable y desgraciado." Y tambien reconocemos en el libro, la voluntad de un autor que refiere a historias de hombres, y es ella cosa de agradecerle, pues de ese modo el eco de sus palabras es vivo, tiene nombres y crónicas, no siendo así mero e inerte amasijo de datos y de neutral senectud. Bien caballeros, una ocasión de navegar en nuestra historia, con la percepción de un corazón ilusionado, Gabrielillo, que es nuestros ojos y piel, en esta aventura pasada, que si bien es novelada, en absoluto es ficción. Abordajes, amor, hombría, humanidad, y acción trepidante allende los mares, para quien guste.....y es que ya lo dicen, clásicos nunca mueren....
P.D:Animo a el Partido, y a fe que no reincidiré, a participar en esta sección de literatura recomendable. Sin más, reciban mis mejores deseos para este año nuevo que amanece, y que sea pródigo en virtudes y gestas, no menos pleno que este que se escinde, y que nos siga brindando a diario la oportunidad de hacernos más fuertes, y más dignos ante el Destino y la Historia,
salve!



miércoles, 7 de noviembre de 2007

Lectura: PUERTAS DE FUEGO


Saludos sinceros,
Si me concedeis el permiso de tomaros unos minutos, os convido a una recomendable lectura, que ni os regalará indiferencia, ni se desvelará como una historia en minúsculas. Bien pongo la mano en el fuego que si os sumergís en la "novela", en cuestión de sustrato y relato no descubrireis menos de lo que esperais, y el fuego que a todos os pueda atravesar las venas, hallará-literariamente-satisfechas sus exigencias.

No soy dado a la cita de libros para reportar autoridad a lo que postulo, y menos aún a la acumulación de datos por el extraño "honor de saturarse de cantidad"; antes bien, me gusta recomendar con el corazón y apelo a un criterio selectivo, de poco, bien deglutido y selectamente escogido. Tambien, -y cierro aquí esta "justificación" o colección de premisas que me motivan al cometido de esta entrada- soy alguien abierto, y ello es la razón de que terminara con el libro entre mis manos, a sugerencias literarias. Siempre escucho presto, cuando la fuente que me los recomienda me merece respeto.(obviamente ni que decir tiene que todas las opiniones no son ni iguales, necesarias ni deseables) Finalmente, para sorpresa mía, fue mi mujer la que me lo regaló, y vaya si acertó.
El libro en cuestión se titula "Puertas de fuego" cuyo autor es Steven Pressfield, obra del cuál podría decirse que navega entre el género de la épica y a mi juicio, transportando durante el viaje dosis reales de pensamiento y reflexión. Suscita reflexión por cuanto entregarnos a la historia enfrenta-a quién más y a quién menos- con un paisaje arcaico, de olores auténticos, de trascendencia, mitología, y de conductas ejemplares, o si más no, siempre cercanas al abismo de los limites, donde siempre confluyen miedo, guerra, amor, tensión, deber, pasión, muerte....y siempre, el hombre. Como hago saber a vuestras mercedes, la historia nos envuelve en una cautivadora niebla, encerrándonos en el fascinante mundo antiguo.

El título de la obra ya augura por dónde se derrama la trama, pues hace clara alusión al paso de las Termópilas. Aún así, nadie conciba por ello una novela que es crónica de una guerra, no, sencillamente nos acercamos a Esparta, en un sentido más vital, de "caliu", con la cercanía de la rutina, y la parla de las anécdotas, desde la redacción rigurosa y medida de lo qué se dice, y mediante una prosa ágil y "dinámica", sin fórmulas facilonas, ni tópicos ni piruletas.

Un gran libro caballeros, exquisito y recomendable para amigos. Épica en estado puro, pero siempre ajena de fantasía ... siempre desde la ruda realidad y desde la nobleza de los sentimientos, que no del sentimentalismo.

Ahí queda, y con ello la garantía de mi palabra.

Salut i força

jueves, 18 de octubre de 2007

Una luz francesa, de Rousseau a los Iguales...



"Mercaderes e industriales no deben ser admitidos a la ciudanía, porque su género de vida es abyecto y contrario a la virtud" Aristóteles

A mi parecer, y tengo por seguro que tambien para el de aquellos que sitúan en jaque la visión moderna y simpatizan o tantean con mayor o menor grado de fe con los postulados pre modernos e incluso arcaico-clásicos, nunca está de más hacer mención , presentación pública o abierta apología de aquel pensamiento o autor que fundamenta y más aún, pasionalmente se adscribe sin ambigüedades-como corresponde a un hombre- a esta(nuestra) causa. La causa del corazón, de la voluntad de eternidad, la de los nostálgicos y la de los peligrosamente lúcidos y fieles a su intolerancia. Pues bien sabemos que el haber criterio, justa y necesariamente aboca a la selección, eso es, a abrazar lo que nos riega de grandeza las venas, y a despreciar aquello que nos priva, degrada o esclaviza. Previamente situadas las cartas sobre la mesa ya, y presto a desnudar la causa particular que motiva estas palabras, comienzo:

Sin duda desconocido, y para mi el primero hasta no hace mucho, existe un compendio de páginas paridas por Rousseau, "Discurso sobre las ciencias y las artes" cuya fuerza y claridad no se merecen menos que una porción de respeto en nuestro blog. Entre otras maravillas y lindezas, agrede sin miramientos la desnaturalización gradual que ocurre a los hombres por cuanto sientan en el trono de la virtud al lujo, la mezquindad y las máscara de las apariencias, ello es, cuando ocurre la degeneración de la cultura en su grave y auténtico sentido.Cuando la cultura cesa su sentido de puente ascendente y asume el caracter de fría, distante e insipida ociosidad, lejos del hombre, aunque devorándolo en sus telarañas de la sofisticación...
"El hombre de bien es un atleta que se place en combatir desnudo, desprecia todos esos viles ornamentos que estorbarían el uso de sus fuerzas, y que en su mayor parte solo se han inventado para ocultar alguna deformidad".

Entre lineas, se resbala por la reflexión acerca de qué es el conocimiento, y hasta que punto es pernicioso el dejar comer del pastel mas de lo que toca, a la "ambición intelectual" es decir, a la monstruosidad contra el ingenio y saludable saber que garantiza y sirve a la supervivencia, y que goza además, de la autoridad de la costumbre. Hablando de pueblos tales como el germano, suizos, romanos... fieles a su tosca funcionalidad, simplicidad e inocencia intacta Rousseau matiza mayúsculamente que "no es por estupidez por lo que éstos prefirieron otros ejercicios a los del espíritu. No ignoraban que en otras comarcas hombres ociosos pasaban su vida disputando sobre el soberano bien, sobre el vicio y la virtud, y que, razonadores orgullosos,ototrgándose a si mismos los mayores elogios, confundían a los demás pueblos bajo el nombre despectivo de bárbaros" . Sin duda, nuestro camarada francés parecía padecer fuertes arcadas en intuir la senda del bienestar a la que marchaba su mundo,una senda que tan poco humana y tan reacia al vigor vital era, y que con sus afeminadas formas, se adueñaba de los pueblos y linajes, antaño baluartes de la más nítida nobleza. No perdamos atención a la expresión que se erige en este juicio, nada peyorativa, de feliz ignorancia, clave para apostar en un camino auténticamente liberador y que tan bien se amuebla a esa "fórmula de mi felicidad" que mencionó Nietzsche consistente en "un si, un no,una linea recta, una meta..." Una felicidad cuya localidad respira entre la tensión, la lucha, y la fuerza enderezada hacia una obra, a la manera de un samurai, un pastor austero de la Roma arcaica y rústica, a la manera de un Igual en Lacedemonia.... Y no es precisamente avaro en elogios Rousseau refiriendo a estos mismos, aunque modestamente no diré lo que otro(Rousseau) ha expresado con mejor oratoria. Dice así: "¿Olvidaré que fue en el seno mismo de Grecia donde se vio alzarse esa ciudad tan célebre por su feliz ignorancia como por la sabiduría de sus leyes, esa República de semidioses más que de hombres? ¡Tan superiores a la humanidad parecían sus virtudes! ¡Oh, Esparta! ...Mientras los vicios guiados por las bellas artes se introducían en tropel en Atenas, mientras un tirano reunía en ella con tanto cuidado las obras del príncipe de los poetas, tú expulsabas de tus muros las artes y los artistas, las ciencias y los sabios.....

Atenas llegó a ser morada de la urbanidad y del buen gusto, el pais de los oradores y de los filósofos...es de Atenas de donde han salido esas obras sorprendentes que servirán de modelos en todas las edades corrompidas. El cuadro de Lacedemonia es menos brillante. Allí, decían los demás pueblos, los hombres nacen virtuosos, y el aire mismo del país parece inspirar la virud." Sobra añadir nada, y en esta linea, al calor de estas palabras, podemos acercarnos-si conserva paciencia el camarada o lector- a nuestra vecina y jamás obviable Roma, doy fe de que no tiene desperdicio lo que reflexionó al respecto este autor de la Ilustración(?). "Roma se llenó de filósofos y oradores; la disciplina militar se descuidó, se despreció la agricultura, se abrazaron sectas y se olvidó la patria...Hasta entonces los hombres se habían contentado con practicar la virtud, todo se perdió cuando comenzaron a estudiarla." Claro queda, que pocos amigos albergaría hoy nuestro "bon ami" quién como toda persona madura y de mirada no contaminada, no podía sino echar pestes sobre la abstracción, el relativismo, el aula densa de intelectualismo de salón que se cernían ya con hedor en su siglo. El conocimiento debe ser ante todo, una arma o herramienta en el campo de batalla que es el devenir vital, y no menos, y ahí radica su autoridad, fundamento de valor. Una última referencia me quiero conceder, e invitar a leerla con solemnidad y no con menos respeto, pues contrapone dos visiones cruciales, inevitablemente úno esta a un lado u otro de la frontera: "De sus habitantes-espartanos- no nos queda más que la memoria de sus acciones heroicas.¿Tales monumentos valdrán para nosotros menos que los curiosos mármoles que Atenas nos ha dejado?" Cada cuál, respóndaselo ante el espejo.


Esperando que el artículo haya suscitado alguna, manque mínima reflexión, y despertado almenos, una simpatía, exotismo o curioso interés por el personaje en cuestión, me despido con la voluntad de no haber robado vuestro tiempo sino haber resultado un justo precio.


Saludos

jueves, 11 de octubre de 2007

Literatura vil e infame: Francia

La lección de hoy, aunque burda y escasa, versará sobre algunos aspectos literarios, o mejor dicho, sobre ciertos escritores de nacionalidad podrida que han de dejarse de lado. Y eso que por lo que concierne al noble arte de las letras somos bastante tolerantes, esto es, menos despóticos, pues, aprender, "tolerante" es un vocablo inflado de connotaciones negativas al que solo deberíais recurrir como insulto en caso de recibir una grave ofensa. Tolerantes son los fofos, los de espíritu indolente. Conan no os apreciaría más por serlo. Pero dejemos a Conan. Como individuos eruditos que somos tenemos un elevado fondo literario que discurre entre Virgilio y los libros, repletos de verdades como puños, de don César Vidal, sin embargo, hay focos infecciosos que se deben evitar. Por lo general, todo francés es sarasa y, siguiendo un viejo axioma aristotélico (ocultado por las hordas progres del averno), truchón=malo. No es que seamos homófobos, pero sentimos un gran respeto hacia la tradición y hacia la palabra de los grandes maestros, no nos vemos en posesión de la suficiente autoridad moral como para negar las evidencias halladas por los antiguos. Ante todo somos humildes. Y honestos.
__________(ndr: no se que coño pasa pero no puedo separar los párrafos. Sr. Rémora, si es tan amable, ponga remedio a mi torpeza)______________ Sigamos con Le France. Es sabido por todo hombre decente que los franceses o bien lloran o se autolesionan, no tienen cojones, el desuso de su virilidad les ha atrofiado las pelotas, su voluntad está castrada. En la Revolución Francesa ya se camufló la ira del pueblo con unos ideales pánfilos, las respetables decapitaciones pasaron a formar parte de un proceso necesario para la instauración de unas funestos y pávidos ideales e incluso Napoleón es visto, no como un cabrón con ansias de gloria (como Dios y la Voluntad mandan), sino como un mariscal de la liberté, egalité, fraternité (palabras que, ya sea por su empalagoso acento francés o por su metafísico sentido de lo grotesco, provocan náuseas biliosas). El calificativo "emo", tan denostado por nuestros camaradens, recibe su plenitud semántica cuando es atribuido a un francés. La emoidad se entiende en base a la existencia de Francia: sin la perturbante presencia de micheles no podríamos concebir como el ser humano es capaz de llevar a cabo actos tan edulcoradamente insanos bajo un fondo de eterno lamento. Su nulidad existencial, su disfuncionalidad vital, les lleva a redactar memeces para escandalizar a los pardos del momento, memeces puramente teoréticas, fruto de su frustración e impotencia. Ninguno de ellos, en tato franceses, tendría el valor vesánico de perpetrar una matanza cual surcoreano malhumorado. El francés es el amigo homosexual de las mujeres, aquel que valiéndose de su pusilanimidad se escuda en la incomprensión, sensibilidad y locuacidad para acercarse lo más posible a la tía que se follará un garrulo. Si ya dice el maestro Arrabal que en Francia no se fornica... ¡pagafantas que son!

El señor Gustav Falubert, cara de pan, alcanzó el cenit con Madame Bovary luciendo a una presunta heroína que quebraba sus deberes matrimoniales para con su legítimo marido, que sudaba de los auténticos valores humanos y se entregaba a la pasión como una neurótica que busca en el adulterio su desahogo existencial, te cagas. Seguramente el señor cara de pan, enfermo y misántropo, en su vida se comió un rosco y por ello pretendía instaurar un modelo de mujer desenfrenada a la que le diese lo mismo follarse a un cachalote como él. Victor Hugo ya lo dice todo con Los Miserables, la condición per se de todo francés. Maupassant solo habla de putas, vagos y maleantes; otro desviado vaya. De Sartre mejor no comentamos nada, su condición de homosexual es más que evidente. De despojos como Deleuze, Artaud y demás invertidos depresivos podemos aplicar el mismo baremo, excepto lamentar el que no se suicidasen antes. Proust sabemos todos lo que era y lo que le gustaba (fumar puros bigotosos), un pervertido que decidió canalizar su desfachatez en un tostón empalagoso y eterno, En busca del tiempo perdido, un mojón de kilo que nadie sano debería leer y que, con toda seguridad, ni él mismo pensaba que alguien leería. Ya decía Cioran que “lo caduco en Proust son sus futilidades cargadas de un vértigo prolijo, el regusto a estilo simbolista, la acumulación de efectos, la saturación poética. Es como si Saint-Simon hubiera sufrido la influencia de las Preciosas. Nadie le leería hoy.” Y es que Cioran apuntaba maneras.Estaba afiliado a la Iron Guard, no a una banda de power metal, sino a un grupillo gamberro que se entretenía, digamos, imponiendo su libertad, pero emigró a Francia y digidevinió en un suicida potencial que se lamentaba por su existencia (aunque siendo francés y además nacionalizado yo también lo haría).

Pushkin, muerto en valeroso duelo contra un bastardo francés que rondaba a su esposa, comenta en uno de sus cuentos: "En la educación de María Gavrílovna habían influido grandemente las novelas francesas y, por consiguiente, estaba enamorada". Pero no confundamos el almibarado amor francés con el fervoroso amor ruso o español, consecuencia de creencias incondicionales en valores superiores tales como la patria, Dios o la familia. El modo de amar del primero se caracteriza por una pasión atormentada y malsana, caprichosa y pueril, en una banal idealización del objeto deseado; un modo mefítico de amar que es extrapolado a su endeble literatura. El segundo ama con ardor, arrojo, orgullo, osadía y altivez aquello que la Providencia le ha provisto. El francés necesita romper el deber para satisfacer su deseo: el amor que le embriaga no es más que el anhelo por una divinización que hace de algo vulgar, un antojo que idealiza hasta ser esclavo de su propia pulsión, una realidad abyecta que aliena al individuo de su verdadera situación, que lo aleja de sus compromisos y deberes en tanto estos devienen insípidos. El español no necesita erigir castillos de humo ni convertir pedruscos en diamantes, pues el simple hecho de vivir ya es condición suficiente para amar. El amor francés es amor de sirvienta menopáusica; el amor español es amor de soldado.

No me extiendo más porqué se me enerva el escroto. Que este breve ejemplo os sirva para no caer en la tentación, espero que no seáis tontacos y hayáis aprendido que hablar de mujeres, desechos, escoria social y autoafligirse con lágrimas de cocodrilo es poco varonil, algo a la orden del día en el país vecino. No seáis mamelucos y no leáis traumas gabachos, vuestra salud mental os lo agradecerá.

Saludos de Barclay de Tolly