
Con la esperanza, la espectativa y ánimo de generar un más que seguro debate, y en relación a la iniciativa de Rémora de asentar una solidez doctrinal, es mi propósito arrojar la cuestión de la droga en este artículo. Conste ante todo que esto no es una critica a la embriaguez en si misma, sino precisamente la evidencia de su pérdida de sentido,de su prostitución y la constatación de que viste los ropajes mas superficiales y artificiosos.
Ni que decir tiene que hoy día es de uso y dominio público-en el ámbito de nuestra generación- tanto el consumo, la apología como la sensibilidad de que el consumo de la droga es un derecho, y más aún, un puente legítimo de conquista de las más variopintas experiencias.
Así las cosas, y desde la convicción de lo qué es, debe, y sobretodo, puede ser para su honra el hombre, mi postura, a pesar de que paradójicamente sea minoritaria es que la droga no es propia de señores, es ajena a espíritus aristocráticos, y en absoluto es conjugable con nada que pretenda libertad. Para resultar coherente, y en cierto modo justificar que en una "civilización de la libertad" la droga esté a la orden del día, quiero parafrasear a Otto Von Bismarck, quien apunta con clarividencia que "la libertad es un lujo que no todos pueden permitirse", y sólo desde esa premisa tiene sentido mi postura, y por ende, la comprensión de este razonamiento. "La libertad está en ser dueños de la propia vida" tambien decía Platón. Entonces podemos deducir por ahora, y en virtud de la autoridad que concedamos a estas aseveraciones, que no todos pueden ser dueños de la propia vida, y sin guardar en la recámara la parcialidad que orienta mis palabras, creo que podemos añadir que precisamente todos no pueden comprender aquella visión de la libertad que uno de nuestros poetas-Ramón de Campoamor-podía abrazar cuando decía que "la libertad no consiste en hacer lo que se quiere, sino en hacer lo que se debe". La libertad pues, no es sino aquel aspecto que delata el grado de fuerza real de un hombre, la potencia del rugido de su voluntad. ¿Que fuerza cabe esperar en una voluntad truncada,que ha desaprendido tensar su mandíbula?
Precisamente y democráticamente lo que genera la droga a efectos reales son esclavos, criaturas con la voluntad menguada, sub hombres que no son dueños de si mismos.
El consumo de droga que conocemos, es de carácter marcadamente individualista, cuyo fin,- y me niego a cobijar eufemismos a este respecto,- es una huida, una alienación de risueña y fria máscara. Menciono esto último, por respeto a aquellas comunidades que desde un auténtico fundamento, sentido religioso, y horizonte místico, si se sirven de substancias(naturales) que acaso por diferir en forma y fondo de la urbana y occidental, merecerían otro nombre.
La droga,por contra de esta concepción noblemente ancestral, es aquí y ahora-hic et nunc-otra posibilidad más en el mercado y tráfico de pseudo experiencias, un producto de consumo, de calidad y valor puramente físico-mercantil, un juguete que daña y apreta hacia el pecho de la muerte. La droga nos inyecta letargia en aquello que nos recuerda o debería al menos, nuestra condición vital, puesto que nos roba la pasión, y no se qué debe ser sino la impotencia...
La droga es un perfecto combustible para el que cobarde, goza de estar preso de su pusilanimidad, y nunca está lejos del victimismo,de la autojustificación y de la conciencia de perdedor, como aquél que es incapaz todavía en la post adolescencia de acercarse a conocer a una mujer sin la seguridad que le reporta, esa comodidad tan moralmente débil del estado ebrio. No olvidemos por otro lado, que si, como parece ser, la razón más contundente que justifica la droga es su placer, el "hedonismo por el hedonismo", ello implicará que la perversión del gusto y la deformidad de todo lo noble y grande es un hecho consumado. Bien, me parece que esta es una cuestión harto interesante para la reflexión en general(y del Partido en particular). No pierdan vuestras mercedes la atención en esta curiosa casualidad que supone el rebozarse en la cultura de la libertad y el ocio, y de la misma manera arrojarse a las redes que conducen al hombre a su condición mas baja, a su estofa más vulgar.
Bien caballeros, saludos cafres y viriles.